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agosto 12, 2009

Operación Whitecoat

La Operación Whitecoat, llevada a cabo por los Estados Unidos, es hoy día considerada como uno de los experimentos con humanos más grandes de la historia. En plena Guerra Fría la posibilidad de un ataque bacteriológico por parte de la Unión Soviética era considerado como algo muy probable, razón por la cual el Departamento de Defensa de USA y otros organismos gubernamentales comenzaron a diseñar varios planes de creación acelerada de antibióticos y vacunas efectivas para varios agentes infecciosos sin cura conocida. Obviamente para esto necesitaban probar dichas vacunas en personas enfermas, personas que debían ser registradas y observadas durante todo el proceso para así obtener mejores datos.

El primer paso fue utilizar soldados, razón por la cual el programa tendría su base en el fuerte Detrick, en Maryland. Tras acondicionar las instalaciones del mismo, hombres jóvenes, muchas veces reclutas, fueron expuestos a todo tipo de infecciones. Infecciones que iban desde la fiebre amarilla, la hepatitis A y la tularemia hasta incluso la encefalitis equina. Tras ser infectados, eran puestos durante un tiempo en vigilancia y luego tratados con la “cura” experimental. Todo supervisado ante la atenta mirada de los científicos involucrados en la operación.

Los soldados comenzaron a rebelarse y a negarse a ser infectados, por lo que se organizó un masivo paro general a manera de sentada. Con sus planes detenidos, algo que ciertamente no era aceptable, los responsables del proyecto rápidamente encontrarían nuevas personas en las cuales probar las vacunas experimentales: cristianos adventistas, que por motivos religiosos eran objetores de conciencia, es decir, se negaban a formar parte del ejército o participar en guerras. A unas aproximadamente 3000 personas se les haría llegar una propuesta diciéndoles que, ya que no ayudaban al país militarmente, podían al menos hacerlo siendo parte de pruebas científicas en las cuales serían infectados con distintas enfermedades y rápidamente administrados con la “cura”. Lograron conseguir 2300 voluntarios, entre los cuales, según se reporta, no hubo muertes.

Pero Whitecoat fue solo una rama en enorme árbol de experimentos encargados por el Departamento de Defensa. Si bien hoy todo aun permanece en secreto -de hecho la documentación interna del fuerte Detrick y los datos del proyecto en sí son considerados como secreto de estado- un documento del 28 de septiembre de 1994 emitido por la oficina de rendición de cuentas de USA haría público, sin especificar datos precisos, que entre 1940 y 1974 -esto incluye a Whitecoat y otros programas- cientos de miles de seres humanos fueron objeto de pruebas en experimentos con sustancias peligrosas, desde radiación y químicos hasta agentes infecciosos. De hecho, del mismo documento oficial emitido por el gobierno de los Estados Unidos se extrae: “Durante los años 50, cientos de miles de personal militar han sido involucrados en experimentación humana y otras exposiciones intencionales conducidas por el Departamento de Defensa (DOD), regularmente sin el conocimiento del soldado o su consentimiento.”

Si bien durante la etapa de pruebas con civiles de la operación Whitecoat, al menos según lo dice el mismo gobierno de los Estados Unidos, se cumplió con el código de Nuremberg y se le permitió a los sujetos de prueba consultar con fuentes externas y poseer información detallada del proceso (si hemos de creerle a la versión oficial). Durante muchas otras pruebas el documento menciona situaciones casi tan irreales y criminales como la siguiente:
“[...] durante la Segunda Guerra Mundial veteranos que originalmente fueron voluntarios para “probar ropa de verano” a cambio de tiempo libre, se encontraron a si mismos en cámaras de gas probando los efectos del gas mostaza y la lewisita.”

marzo 04, 2009

Los mayas, el 2012 y el apocalipsis

El aire abunda con especulaciones sobre lo que ocurrirá en esta fecha, más específicamente en el solsticio de invierno (hemisferio norte), 21 de diciembre, 2012. A menudo la gente habla de un cataclismo, un desastre natural o una guerra mundial. Otros advierten sobre eventos sobrenaturales, visitas extraterrestres o algún fenómeno cósmico impredecible no visto hasta ahora que irrevocablemente alterará la naturaleza de nuestra percepción de la realidad. Todavía otros ven en esta fecha el cumplimiento de profecías antiguas bíblicas, o de lo que se habla también en el Corán: la segunda creación, un nuevo cielo y una nueva tierra. Otros especulan que esta fecha puede marcar el inicio de un nuevo ciclo evolutivo o era geológica en la historia de la tierra.

El calendario Maya y el fin de la historia

La fecha 2012 viene del calendario cuenta larga Maya, el cuál define un ciclo muy preciso de 1.872.000 días empezando el 13 de agosto de 3113 AC (14 de agosto de 3114 AC en la cuenta Juliana), y finalizando en el decisivo día 21 de diciembre del 2012. Este intervalo de días es a menudo referido como “el Gran Ciclo.” Esto no es solo una cuenta de días fortuita, ya que integra el ciclo completo de la historia como la conocemos: esto es, desde el inicio de la primera dinastía en Egipto y la primera ciudad de Uruk en Irak, al estado acelerado de la globalización, cambios de clima y guerra en el que nos encontramos.

Pero, ¿quiénes eran los Mayas que pudieron llegar en tan preciso momento, y cual era la naturaleza de su calendario que pudo ser usado para predecir y definir eventos como el inicio y el final de la historia?

Sabemos hoy que la brillante era de la civilización Maya floreció e su punto más alto hace algunos 1300 años. Principalmente entre los grandes logros artísticos y científicos de los Mayas estuvo su sistema de calendario único. Utilizando un sistema vigesimal, con un cero posicional, las matemáticas que fundamentan el calendario Maya eran un fenómeno mundial totalmente único. Con este programa matemático los mayas idearon un elaborado sistema no igualado por ninguna civilización en este planeta: empleando más de 17 calendarios simultáneos, los Mayas calcularon innumerables ciclos del tiempo, todos grabados en un sistema de notación único en sus monumentos de piedra. Para los Mayas, el tiempo es un medio fractal de sincronizar eventos que ocurren en diferentes eras y hasta sistemas de mundos.

Para los Mayas, el ciclo de 5125 años –1.872.000 días que termina en el 2012-, es un fractal de calibración del tiempo cósmico perfecto: sus dos indicadores claves son el 13 y el 20 – por ende 13:20, la frecuencia de tiempo natural. Estos dos factores – 13 y 20 – también crean el Tzolkin o índice de 260 permutaciones, la base de todos sus calendarios. Por ende, la medida de 1.872.000 días se divide perfectamente en 13 sub-ciclos de 144.000 días cada uno, o 13 baktunes. Cada baktun se divide perfectamente en 20 sub-ciclos llamados katun de 7200 días cada uno, o 20 katunes por baktun. Esto significa que hay 260 (13×20) katunes por 13 baktunes, y que actualmente estamos en los últimos seis años del katun número 260 de toda la historia.




El treceavo y último baktun empezó en el año 1618. Este es el año que marca efectivamente el comienzo de lo que se llama en el oeste “revolución científica.” Esta fecha, 1618, también es conmemorada por la perfección del reloj mecánico. A pesar de que lo demos por sentado, este reloj, la base de la mecanización del tiempo, es la fundación de una civilización moderna, sin el cual la revolución industrial nunca hubiera ocurrido. Pero el calendario Maya también dice que la revolución científica, que comenzó en el año 1618, terminará, junto con toda la historia, 144.000 días más tarde, en el año 2012.

El 2012

El número de días en un baktun – 144.000 – es el mismo número que aparece en el libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis:
“Luego escuche el número de esos que fueron sellados: 144.000 detodas las tribus de Israel…” 7:4
“Luego mire y allí ante mí estaba el Ciervo parado en el Monte Zion,y con él 144.000 quienes tenían su nombre y el de su padre escrito ensus frentes.” 14:1
“Y cantaron una nueva canción… y nadie pudo oír la canción exceptolos 144.000 que habían sido redimidos de la tierra.” 14:3-4


¿Es mera casualidad que el número de la medida del tiempo para contar los días hasta la “Hora” del último día en el “fin del tiempo”, y el número de los elegidos redimidos de la tierra son el mismo – 144.000?
¿Como puede ser esto? La respuesta está en la profecía del 2012 sellado en la tumba de un hombre sabio de los Mayas, Pacal Votan.

En el año 631 A.D., en Palenque un gran rey Maya, Pacal Votan, notó el número de días transcurridos desde el inicio del Gran Ciclo, el ciclo del ensayo del hombre en la Tierra: 1366560 días. Consideró los factores múltiples de este número. Este era el número siempre previsto, el número que marcaría su destino, la razón de su misión en la tierra.

De su conocimiento de matemática astronómica, Pacal supo que esta era la fecha de máxima sincronización ocurriendo entre el primer día del primer baktun y el último día del treceavo baktun. Supo que este día comenzaba el ciclo de 52 años número 73 desde el comienzo de la cuenta de los días. Este era el sub-ciclo supremo armónico del Gran Ciclo. Fue durante este ciclo de 52 años que Pacal debía determinar la mejor manera de dejar la profecía del final de la historia – no el fin del tiempo, ni el fin del calendario Maya, sino solo el fin de la historia.

Por la sabiduría que se le dio, Pacal sabía que su tiempo terminaría con la finalización de su ciclo de 52 años número 73 (AD 683), y así concibió construir un gran monumento funerario, de acuerdo a sus instrucciones, por su hijo, Chan Balum. Todo sobre este monumento sería codificado con la profecía del final de la historia, incluyendo sus fechas de conmemoración y descubrimiento.

Así fue que habiendo pasado cuatro katuns u 80 años en la tierra, Pacal murió en 683 AD. El gran sarcófago monolítico le esperaba: Cubierto de jade, su cuerpo fue colocado a descansar. Encima del sarcófago fue colocada una magnífica escultura. Luego, por los próximos nueve años, un gran templo en forma de pirámide de nueve pisos fue construido sobre el sarcófago. La tumba ahora estaba bien sellada detrás de una puerta de piedra en la parte inferior de esta pirámide. En la parte de arriba de la pirámide un templo se había construido. El piso de la cámara central de este templo estaba cuidadosamente colocado con grandes losas de piedra, sellando efectivamente la escalera y el tubo parlante que llegaba hasta la tumba. Las paredes de las tres cámaras del templo estaban cubiertas con inscripciones, 620 en total: 140 en la cámara central y 240 en cada cámara lateral.



El templo finalmente fue dedicado en el año Maya 9.13.0.0.0 (AD 692).Una fecha proféticamente codificada. Este año Maya señaló que los nueve baktunes más trece baktunes pasaron desde el inicio de la cuenta de los días. Otros siete baktunes y Palenque fue abandonada. La jungla reclamó a Palenque. Cuando llegaron los españoles siete siglos más tarde, nadie tenía idea de que Palenque existía. Pero habían mitos, leyendas y ciertas tradiciones proféticas que hablaban de un gran rey llamado Votan que construyó una casa oscura y dejó detrás de él 22 (9 + 13) tablas que hablaban del futuro y de la venida de la religión cósmica de Hunab Ku: Uno que es dador del movimiento y la medida.

A principios del siglo 19, ciertos buscadores intrépidos y arqueólogos encontraron el camino hacia Palenque. Pero hasta la mitad de siglo 20, nadie tenía idea de que debajo del gran templo de las inscripciones, como se llegó a conocer la pirámide de Pacal, yacía una tumba y una profecía. En 1949, el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier estaba tamizando entre los escombros en el piso de la cámara central del templo de las inscripciones. Una de las losas de piedra que cubría el piso atrajo su atención por sus marcas curiosas en forma de vaso. Levantando la piedra cuidadosamente todo lo que saludó a Ruz fueron más escombros, pero un pedazo de losa captó su atención. Lo sacudió y excavó alrededor de él. Era la tapa de un tubo de losa.



El 15 de junio de 1952, tres años después, luego de excavar cuidadosamente, Ruz se encontró en una cámara en el final de la escalera. Seis esqueletos se encontraban frente a una gran losa trapezoidal de piedra. Abriendo esa losa una gran ráfaga de aire frío salió. Dentro estaba la estupendamente tallada tapa del sarcófago del gran rey de Palenque. Todo estaba en el tiempo perfecto, como fue precisamente predicho por Pacal Votan: desde el tiempo de la dedicación del Templo y la tumba hasta el tiempo de su descubrimiento, es un intervalo de exactamente 1260 años. El número 1260 es otro número a ser encontrado dos veces en el Apocalipsis: es el número de los dos testigos de laprofecía y de la mujer embarazada vestida con las 12 estrellas y sus pies sobre la luna:
“Y daré a mis dos testigos que profeticen por 1260, vestidos de cilicio.” 11:4

Estos dos testigos pueden muy bien ser Pacal Votan y Mahoma, ya que sus profecías son para el final del tiempo histórico. Y de la mujer embarazada llevada al exilio por el dragón de siete cabezas, está escrito: “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por 1260 días.”
El mensaje de la tumba es simple: 1260 es el número del exilio de la humanidad. Este es el mensaje de los dos testigos de la profecía. Las 12 estrellas son los primeros doce baktunes, y la luna es el treceavo. El 1260 significa que cuando la tumba sea descubierta el mundo estará en el exilio del materialismo. Este mundo del materialismo es gobernado por el calendario Gregoriano de 12-meses y la hora de 60 minutos del reloj mecánico, por ende 12:60, la frecuencia del tiempo mecanizado y el número del exilio.



Pero la dedicación y el descubrimiento de la tumba también estaban precisamente sincronizados con el cierre del ciclo. Desde 1952 hasta 2012 son solo 60 años: 1260+60 = 1320. Esto significa que desde la dedicación de la tumba hasta el cierre del gran ciclo en el 2012 hay 1320 años. Este es el número codificado en las matemáticas del calendario Maya 13:20: 13 baktunes, 20 katunes cada uno, el número del ciclo completado en el 2012.

Conclusiones

El cumplimiento de las detalladas predicciones que la antigua cultura maya hizo para el periodo que media entre los años 1992 y 2012 de nuestro calendario plantea un profundo misterio y una pregunta inquietante: ¿nos encontramos realmente viviendo el final de una era cósmica y veremos dentro de siete años el amanecer de una con signo muy distinto?

¿Estamos realmente asistiendo al final de una era y al inminente comienzo de una nueva? Si es así, en breve debería tener lugar un cambio profundo en la Tierra y en la historia humana. Pero, ¿en qué puede consistir? ¿Cuál es el signo del tiempo que nos tocará vivir desde ahora hasta el año 2012 y el del futuro que nacerá en ese momento?

Estamos ante un simbolismo complejo que encaja con las profecías mayas del comienzo del «Sexto Sol»: una nueva era que, según su predicción, supondrá «el final del tiempo del miedo» y una humanidad renovada cósmicamente, que construirá una civilización superior a la actual.Muchos agoreros actuales de los medios electrónicos emplean esa fecha, en la que en efecto concluye el actual ciclo cósmico de la civilización maya, para realizar espectaculares anuncios que amplíen su audiencia o el número de sus lectores. Sin embargo, la verdad es que dichas profecías lo único que prevén es que el dios Bolon Yokte bajará del cielo, quizás por ser el dios que midió la tierra con su paso al inicio del tiempo. Y que la fecha, por cierto, coincide con una conjunción planetaria de Marte, Júpiter y Saturno. Ésta es la explicación de Alfonso Arellano Hernández, investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A diferencia de cosmogonías como la griega o la hebrea, entre los mayas existe la peculiaridad de que en sus relatos hay una gran recurrencia de creaciones previas, lo que significa que se renuevan. Mientras los mexicas cuentan cinco creaciones, los mayas contaron muchísimas más: antes incluso que los dinosaurios o la existencia misma del planeta. “Es el no tiempo de los dioses, ellos hacen cosas antes del fin”, señala Arellano.

La incógnita se despejará el 21 de diciembre de 2012.

enero 19, 2009

El archivo secreto del Vaticano

El Vaticano se ha ganado su fama a pulso. Aparte de sus archivos, son varios los secretos que rodean al Vaticano. La muerte del papa Luciani –Juan Pablo I– quedó envuelta en el misterio cuando no se le practicó la autopsia y hay quien la relaciona con el gran escándalo que sacudió a la Iglesia a principios de los años 80: la quiebra del Banco Ambrosiano, la polémica de las finanzas vaticanas y la logia masónica P-2. A ellos hay que sumar el asesinato del jefe de la Guardia Suiza en 1998. Tras la muerte de Juan Pablo II, el Vaticano comenzó de nuevo a ser el objetivo de los periodistas sensacionalistas, al generarse todo tipo de datos y rumores en los momentos más cruciales, como aquel que decía que la tumba del papa Silvestre II rezumaba un extraño líquido previo a la muerte del pontífice. Una superstición falsa, como tantas otras, pero que sirvió para que la Santa Sede, una vez más, estuviese en el candelero de los chascarrillos.

¿Son secretos los archivos del Vaticano?
El nombre de Archivos Secretos del Vaticano y el hecho de que hayan sido prácticamente inaccesibles para periodistas y fotógrafos hasta hace poco tiempo, ha impregnado muchos de sus recintos de una atmósfera de misterio que ha excitado la curiosidad y alentado la especulación. La existencia de una Riserva, antiguamente llamada la “sección cerrada”, puede haber contribuido a esta idea de secretismo, ya que contiene libros y documentos que pueden ser examinados únicamente con el permiso del prefecto. Hoy sabemos que es un depósito de material histórico valioso, que contiene por ejemplo las actas del juicio de Galileo y el Tratado de Paz de Tolentino entre la Santa Sede y Napoleón. Los Archivos Secretos y la Biblioteca Vaticana son instituciones separadas. Los archivos son los documentos de trabajo de la curia: correspondencia referente a asuntos diplomáticos y a la vida interior de la Iglesia. En cambio, la Biblioteca Vaticana, ubicada en el Cortile del Belvedere del Vaticano, es una colección de trabajos individuales, como las demás bibliotecas, y su contenido de más de un millón y medio de ejemplares se centra en temas religiosos –entre ellos está el Codex Vaticanus, el manuscrito más importante del Nuevo Testamento que data del siglo IV–, filosofía, historia del arte, etc. Siempre se ha dicho que las tres bibliotecas que contienen los mejores manuscritos de ciencias ocultas son la de El Escorial, la de la Soborna y la del Vaticano, por no hablar de temas referentes al sexo… Uno de los rumores más insistentes sobre su contenido es la mención de una colección de “repugnantes y lascivos” documentos que harían sonrojar hasta a un cardenal rijoso, del estilo de los que hay en L’Enfer –El Infierno– de la Biblioteca Nacional de París o en la Private Case del British Museum. Por cierto, a partir del 15 de julio de 2007 la Biblioteca Vaticana cerró sus puertas para reformar el edificio y organizar e informatizar todo ese ingente material. Calculan que tardarán tres años como mínimo para que podamos ver por Internet una Biblia hebraica comentada en arameo de 63 kg, o manuscritos de Leonardo da Vinci, Erasmo y Napoleón.

La regla de los cien años
Pero el nombre de Archivos Secretos no es sólo un eco del pasado, aún contiene fuertes elementos de secreto bajo la “regla de los cien años”, que hace inaccesibles la mayoría de los documentos del siglo XX. Este largo límite temporal no lo tienen los Archivos Estatales de Roma, que están cerrados a los últimos 30 o 50 años. Sorprendentemente, el 15 de febrero de 2003 el Vaticano abrió parcialmente sus archivos secretos de la época previa a la Segunda Guerra Mundial. Eran 640 documentos disponibles para aquellos investigadores que elevasen una petición oficial, y que cubren el período 1922-1939. Se trata de una excepción que vulnera la regla de los cien años, con la idea de limpiar el nombre del Papa Pío XII, acusado por organizaciones judías de haber hecho muy poco para denunciar el Holocausto. Durante los años previos a la guerra, quien luego sería Pío XII era nuncio vaticano ante Berlín y su actuación no fue muy clara ni contundente contra los abusos del nazismo. La Santa Sede explica que su silencio se debió al temor de poner aún más en peligro la vida tanto de católicos como de judíos. El Vaticano aclara que muchos de los legajos del período 1931-1934 fueron “prácticamente destruidos o dispersados” durante los bombardeos aliados contra Berlín y por un trágico incendio. Entretanto, los documentos que abarcan el período 1939-1949 y que tratan sobre los prisioneros de guerra, saldrán del archivo en una segunda instancia.

Informatizando el pasado
Y es que las nuevas tecnologías han llamado por fin a las puertas de la Iglesia. Desde hace unos diez años existe un sitio web que remite a la página oficial del Vaticano: http://www.vatican.va/ accesible en seis idiomas, incluido el español. La digitalización primero de las obras de arte de los Museos Vaticanos y luego de su biblioteca, intenta matar dos pájaros de un tiro: extiende la difusión cultural de sus tesoros a todo el mundo, y los preserva del paso del tiempo. Ayudado por la empresa Hewlett-Packard, está digitalizando los archivos y tan sólo la biblioteca da vértigo: más de 150.000 manuscritos en todo tipo de soportes –papel, papiro, pergamino…–, 8.300 incunables de los 10.000 que existen en todo el mundo –de los cuales 65 son de pergamino–, 1.600.000 volúmenes impresos –antiguos y modernos–, 100.000 impresiones sueltas y 300.000 medallas y monedas. En otras palabras, una biblioteca con 85 km de estanterías entre salones, pasillos, armarios y librerías que contienen la mayor parte de los documentos oficiales de la Santa Sede desde 1198 y un archivo secreto con 40 km de estanterías subterráneas. Dos auténticas máquinas del tiempo. Poco a poco van saliendo a la luz documentos esenciales para la historia del cristianismo y de la humanidad en general. Denominarlos “Archivos Secretos” empieza a ser un eufemismo, pues desde enero de 2006 pueden hojearse algunos de ellos en la citada página web. En una de sus secciones se puede ir a la información de su Biblioteca Apostólica Vaticana y en otra al Archivo Secreto donde se habla de sus orígenes, de su historia y hasta de su contenido. ¿De todo su contenido? Ahí está la clave y diríamos que su auténtico secreto… No son todos los que están, es evidente, pero los que están, calificados como “documentos de la historia”, son verdaderas “joyas”: el pergamino de absolución del papa Clemente a los superiores de los templarios de 1308, la carta autógrafa de Miguel Ángel Buonarroti al obispo de Cesena de enero de 1550, las actas del proceso contra Galileo Galilei desde 1616 a 1633, la carta consistorial de Urbano VIII relativa a la canonización de Francisco Javier del 6 de agosto de 1623 o la bula Exsurge Domine de León X amenazando con la excomunión a Martín Lutero el 15 de junio de 1520. En el Vaticano aseguran que ya no se usa el calificativo de “secreto”, sino que prefieren usar la expresión “Archivo Central”. Aún así, su consulta no estará abierta a todo el mundo, ya que sólo tendrán acceso al grueso de la documentación, como hasta ahora, los investigadores. Un comentario recurrente es que en sus sótanos se guardan miles de reliquias y de documentos comprometedores sobre la Iglesia católica desde hace siglos cuyo contenido es top secret o, en el mejor de los casos, sólo se han dado a conocer con cuentagotas, reservándose lo más trascendente. ¿Será cierto? Sólo hay que fijarse en las reticencias para dar a conocer el tercer secreto de Fátima o el casual hallazgo del acta exculpatoria de los templarios, por poner tan sólo dos ejemplos, para darnos cuenta de que lo que va saliendo a la luz es la punta del iceberg de los más de 40 km de estanterías repletas de textos que representan 800 años de historia.

abril 16, 2008

La 'operación Odessa' de Mengele: la huida de criminales nazis a la Argentina de Perón

Durante sus años de exilio en Madrid, Perón admitía de buena gana su relación personal con criminales nazis fugitivos ante cualquiera que se molestara en preguntárselo. La mañana del 9 de septiembre de 1970 le relató al escritor argentino Tomás Eloy Martínez cómo, mientras era presidente, en la década de 1950, un "especialista de genética" alemán solía visitar su residencia de fin de semana en Olivos, entreteniéndole con sus supuestos increíbles descubrimientos científicos. "Un día el hombre vino a despedirse porque un cabañero paraguayo le había contratado para que le mejorara el ganado", explicaba Perón con franqueza. "Le iban a pagar una fortuna. Me mostró las fotos de un establo que tenía por allí cerca del Tigre (un suburbio de Buenos Aires) donde todas las vacas le parían mellizos". El escritor le preguntó a Perón si recordaba el nombre del especialista."¿Quién sabe? Era uno de esos bávaros bien plantados, cultos, orgullosos de su tierra. Espere... Si no me equivoco, se llamaba Gregor. Eso es, el doctor Gregor".

Martínez, que no había oído nunca antes aquel nombre, archivó la cinta de la entrevista de Perón. Sólo en 1985, cuando se reveló al mundo la noticia de la muerte de Mengele en 1979, desenterró la vieja cinta y se dio cuenta del verdadero alcance de las palabras de Perón. En la posterior investigación sobre los años de posguerra de Mengele se hizo evidente que Perón había tentado a Martínez con información verdadera, aunque en aquel momento imposible de verificar. La Cruz Roja se vio forzada a admitir tras su muerte que había proporcionado un pasaporte a Mengele expedido a nombre de Helmut Gregor, un alias que seguiría usando en Argentina. Un documento de la CIA confirmaría que el médico de Auschwitz había estado visitando Paraguay al menos desde 1951. La descripción del sujeto que dio Perón también encajaba. Mengele procedía de una familia rica, y había sido muy bien recibido por la comunidad alemana de Argentina. Entre los amigos nazis de Perón, el médico "extremadamente culto" tenía fama de ser un "hombre brillante desde un punto de vista intelectual". Y, por supuesto, se trataba de un "bien plantado" oficial de las SS que hablaba con un claro acento bávaro.

El 17 de enero de 1945, Mengele juntó los registros de sus experimentos con gemelos, inválidos y enanos en el campo de exterminio de Auschwitz, cargó los papeles y las muestras de sangre en un coche que le esperaba e inició su larga huida de la justicia. Tras él dejaba incontables actos de criminal crueldad que le harían acreedor a un estatus único entre los asesinos nazis. Encargado del campo de mujeres del anexo Birkenau cuando llegó al complejo de Auschwitz procedente del frente ruso, en 1943, Mengele había abordado la escasez de alimento o los brotes de tifus enviando a morir a 4.000 mujeres cada día. En el campo se conocía a Mengele como "el principal proveedor de la cámara de gas y los hornos", debido principalmente a su gélida conducta en las selecciones de los trenes de Auschwitz, en las que los médicos de las SS examinaban a los recién llegados que bajaban de los vagones de carga, y, o bien los enviaban directamente a la cámara de gas, o bien les salvaban la vida para dedicarlos a trabajos forzados. A diferencia de otros médicos de las SS, que habían de emborracharse para poder llevar a cabo su inhumana tarea, Mengele se mostraba siempre sobrio, frío y despiadado, siempre con su impecable uniforme de las SS. Con frecuencia solía silbar arias de ópera mientras dividía la cola de las víctimas, señalando con su bastón a derecha o izquierda: la muerte, o la muerte en vida. A veces recorría las colas gritando: "¡Gemelos! ¡Gemelos! ¡Gemelos!", eligiendo cobayas humanas para sus brutales experimentos pseudo-científicos. Según la acusación que Alemania presentó contra él en 1981, cuando todavía se le creía vivo, Mengele quería lograr "un aumento médicamente manipulado del número de nacimientos de gemelos" con el fin de duplicar la tasa de natalidad de los niños arios para Hitler. Otros experimentos de Mengele incluían inyectar tintes en los ojos de los niños para ver si podía convertirlos en arios de ojos azules. Tras las pruebas se enviaba a los niños a la cámara de gas. Mengele exhibía muestras de ojos, desde el amarillo pálido hasta el azul claro, en la pared. "Estaban clavados como mariposas", explicaría un superviviente de Auschwitz.

Despojándose de su uniforme de las SS, Mengele adoptó el disfraz de un médico militar alemán regular y se unió a una unidad del ejército en retirada. Le confió sus notas a una enfermera con la que inició una relación. Mientras la unidad huía del avance de las tropas soviéticas empezó a aflorar el nombre de Mengele como uno de los criminales de guerra nazis más buscados. Su primera inclusión en una lista aliada de la que se tenga constancia fue en abril de 1945. En mayo, la Comisión de Crímenes de Guerra de la ONU le buscaba por "genocidio y otros crímenes". La radio aliada empezó a emitir noticias sobre las atrocidades que había cometido. En algún momento en torno al mes de junio, su unidad fue arrestada por tropas estadounidenses en la ciudad alemana de Weiden. La enfermera que guardaba sus preciosas notas también fue detenida, aunque pronto se la dejaría en libertad. A pesar de que en el campo de detención se registró a Mengele con su verdadero nombre, los estadounidenses no le identificaron como un criminal de guerra buscado, o siquiera como un miembro de las SS, debido simplemente al hecho de que, al incorporarse a este organismo, en 1938, Mengele se había negado a dejarse tatuar su grupo sanguíneo en el brazo o en el pecho como los demás oficiales. Eso no significaba que no se le persiguiera: el 11 de junio de 1945, tres policías militares norteamericanos se habían presentado en casa de su esposa, Irene, en Autenreid, preguntándole si conocía su paradero.

En septiembre, Mengele fue liberado por el ejército estadounidense en su Baviera natal. Mientras estaba en el campo de prisioneros había conseguido un documento de liberación aliado expedido a nombre de otro médico, Fritz Ulman, nombre que alteró cambiándolo por el de Fritz Hollmann. Con dicho documento regresó a Alemania, a la zona ocupada por los rusos, y localizó a la enfermera a la que había confiado sus notas y sus muestras, y luego se retiró a Munich, donde se ocultó en casa de unos amigos. En octubre de 1945, Mengele había encontrado trabajo en una pequeña granja en Mangolding, Baviera. Allí viviría tranquilo como trabajador agrícola durante tres años, mientras la prensa publicaba informes sobre sus atroces crímenes y su nombre aparecía en los juicios de Nuremberg. Pero aunque Mengele logró evadirse del brazo de la ley, en su cabeza se repetía una y otra vez una parodia de juicio. Mengele escribió un diario en el que se convirtió en su propio testigo estelar de la defensa.

En algún momento en torno a abril de 1948, Mengele empezó a preparar su fuga a Argentina. Como ocurriera con otros importantes criminales de guerra alemanes, sus documentos de viaje se arreglaron mientras el ex capitán de las SS Carlos Fuldner estaba en Europa rescatando a nazis perseguidos (hasta entonces no se había establecido aún una infraestructura adecuada para salvar a los peces más gordos, que después de la guerra permanecieron ocultos durante varios años). A partir de ahora, Mengele estaría en manos de profesionales. En lugar de un nombre sobre-escrito en un documento prestado, ahora se dotaría al médico de Auschwitz de una identidad falsa totalmente nueva. El método empleado consistía en hacerle pasar por un individuo de etnia alemana originario del Alto Adigio, en el norte de Italia. Curiosamente, en Roma el obispo Alois Hudal se había hecho cargo de varios oficiales de las SS incriminados en el norte de Italia junto con el cardenal Montini, que veía sus casos con simpatía. Durante el periodo de la posguerra, Hudal mantuvo una voluminosa correspondencia con dichos hombres, organizando la fuga a Argentina de muchos de ellos. La inteligencia estadounidense sabía que había "alemanes nazis" incriminados que estaban cruzando la frontera hacia Italia. Un informe de 1947 afirmaba que viajaban "vía Treviso y Milán con el único objetivo de conseguir documentos de identidad falsos (...) regresando legalmente a las zonas de ocupación británicas, francesas o norteamericanas". Éste fue precisamente el método empleado por Mengele y Eichmann para conseguir identidades falsas para su posterior viaje a Argentina. Entre abril y junio de 1948, los dos criminales de las SS obtuvieron sendos documentos de identidad del municipio de Termeno. Gracias a la Carta d'Identitá número 114, Mengele se convirtió en Helmut Gregor, mientras que la número 131 convertía a Eichmann en Riccardo Klement. Un tercer criminal de guerra que acabó en Argentina, Erich Müller, funcionario de alto rango del Ministerio de Propaganda de Goebbels, obtuvo la Carta d'Identitá número 111, con el alias de Francesco Noelke.


Bajo los semi-legales alias proporcionados por dichos documentos de identidad, Mengele, Eichmann y Müller solicitaron y obtuvieron de inmediato sendos permisos de desembarco argentinos con sólo unas semanas de diferencia. Sus solicitudes se canalizaron casi con toda seguridad a través de la oficina de la DAIE [inmigración argentina] de Fuldner en Génova hacia la Dirección de Migraciones en Buenos Aires. Aquel frenesí de solicitudes, incluyendo las de otros oficiales de las SS como Erich Priebke y Josef Schwammberger, favoreció a un nutrido grupo de criminales nazis cuyos papeles argentinos se procesaron casi simultáneamente a mediados de 1948. Es probable que Mengele pagara caro su permiso de desembarco en Argentina, pero el dinero no era precisamente algo que le faltara a su familia. La zona bávara de Günzburg era sede de la empresa de maquinaria agrícola Mengele desde comienzos de siglo. Su padre, Karl, había sido miembro del Partido Nazi, y en 1932 incluso había recibido la visita de Hitler a su fábrica. En el periodo de la posguerra, y a pesar de soportar un prolongado proceso de desnazificación por parte de los aliados, los negocios de Karl Mengele prosperaron. Pronto extendería su empresa al extranjero, incluyendo Argentina, el país donde su hijo hallaría refugio. El 7 de septiembre de 1948 llegó la noticia de que el permiso de desembarco de Helmut Gregor había sido aprobado por Buenos Aires. Mengele desapareció de Mangolding sin despedirse siquiera de sus empleadores. Tras regresar a su ciudad natal de Günzburg, pasó los meses siguientes oculto en los bosques cercanos, tratando de convencer sin éxito a su esposa, Irene, de que le siguiera a Argentina con el hijo de ambos, Rolf. En abril de 1949, Mengele se marchó solo, saliendo de Alemania. Al parecer, su huida a Italia a través de Austria fue organizada y financiada por su padre por medio de sus antiguos contactos de las SS en la zona de Günzburg. Dicha organización implicó pasar clandestinamente la frontera, intercambiar contraseñas y falsificar documentos de viaje. Finalmente, Mengele llegó a la población septentrional italiana de Vipiteno, la misma localidad del Alto Adigio en donde se había refugiado Erich Priebke un año antes. Allí tenía reservada una habitación en la pensión de la Cruz de Oro bajo su alias de Fritz Hollmann. Un mensajero de la empresa familiar le llevó dinero y un "maletín" que contenía sus notas de Auschwitz y muestras de sangre, conservadas entre pequeñas placas.

Después de aproximadamente un mes pasó a Bolzano, donde se encontró con un agente clandestino identificado sólo como "Kurt" en el diario de su viaje. Kurt tenía contactos croatas, acceso a la Cruz Roja y al consulado argentino; de hecho, todos los atributos para estar vinculado a la DAIE de Perón o a uno de los sacerdotes católicos que ayudaban a los fugitivos nazis. El hombre misterioso le había reservado a Mengele un billete en el North King, un barco que había de zarpar con rumbo a Argentina el 25 de mayo de 1949. La primera parada de Mengele, el 16 de mayo, fue la oficina de la Cruz Roja en Génova, con el fin de obtener un pasaporte válido. El tal Kurt lo arregló sin dificultad: Mengele estaba bien equipado con su permiso de desembarco argentino y su documento de identidad de Termeno, la misma combinación de engañosos documentos que permitiría a Eichmann y a Müller obtener un pasaporte de la Cruz Roja un año después. El siguiente paso, al día siguiente, fue ir al consulado argentino a buscar un visado de entrada. Mengele llegó con un falso certificado de vacunación proporcionado por un médico croata. A pesar de ello, los puntillosos diplomáticos argentinos observaron que la Cruz Roja había escrito por error la fecha de expedición del pasaporte de Gregor en el espacio reservado para la fecha de expiración, con lo que resultaba técnicamente inválido. Tras regresar con un documento enmendado, Mengele descubrió ahora que todavía había de someterse a un examen médico obligatorio en la oficina de la DAIE, en el número 38 de la Via Albaro. Las condiciones sanitarias en las que trabajaban los doctores argentinos dejaron mudo de asombro incluso al propio médico de Auschwitz: "Buscaban posibles casos de tracoma usando siempre la misma varilla de vidrio y sin lavarse las manos", escribió Mengele en su diario. "Si uno no padecía una enfermedad contagiosa antes del examen, lo más probable es que después la tuviera". El único obstáculo real se produjo cuando trató de obtener un visado de salida italiano. Desgraciadamente para Mengele, el funcionario italiano al que Kurt solía sobornar tenía fiesta. Cuando Mengele deslizó un billete de 20.000 liras entre sus documentos y se los entregó al funcionario italiano que estaba de servicio, en lugar de recibir el visado que esperaba se encontró encerrado en una celda. Tras unas cuantas noches de incomodidad, Mengele fue rescatado por Kurt, que finalmente había regresado a la ciudad. De repente, la policía de Génova adoptó un tono de disculpa, y le preguntó a Mengele si es que acaso era judío. Agitado, pero todavía entero, Mengele logró embarcar en el North King a tiempo, el 25 de mayo. "Olas, todo es olas", reflexionó el médico mientras la costa italiana se perdía a lo lejos.

El North King atracó en el puerto de Buenos Aires el 22 de junio de 1949, después de una travesía de cuatro semanas. Los funcionarios de Migraciones de Argentina quedaron desconcertados al ver los documentos médicos y las muestras que Helmut Gregor llevaba al país. "Son notas biológicas", afirmó Mengele sin faltar a la verdad. Se mandó llamar al médico del puerto para que examinara el contenido francamente sombrío del maletín, pero dado que éste no sabía alemán, finalmente dejó pasar a Mengele. Extrañamente, no desconcertó en absoluto al funcionario el hecho de que un "mecánico técnico" -tal como figuraba Gregor en su pasaporte y en la lista de pasajeros del barco- se hallara en posesión de aquel material. Un médico que debía acudir a recibirle, al que Mengele había conocido en 1939 y al que se refería en su diario como "Rolf Nuckert", no se presentó. Con un par de italianos con los que había hecho amistad a bordo, Mengele se registró en el sórdido hotel Palermo, situado en el centro de Buenos Aires. La habitación, francamente ruinosa, parecía realzar aún más la triste acogida que le había dado Argentina. Sin embargo, Mengele conectó con la red de nazis y se labró una posición económica, hasta que en 1960, ya derrocado Perón, huyó a Paraguay, en donde murió ahogado el 7 de febrero de 1979.

Según la evidencia descubierta en 1985, 1979 sería un año marcado en la vida de Mengele. "En 1979 fue invitado a pasar un día de playa, a 50 millas de Sao Paulo. Mengele se introdujo en el mar, hasta que el agua alcanzó sus rodillas. En ese momento desapareció. Sufrió un ataque cardíaco, cayó al agua y se ahogó. Cuando fue llevado a la playa, y a pesar de los esfuerzos, no pudo ser resucitado". Geza Bossert hizo los arreglos para que Mengele fuera enterrado en el cementerio de Ambu, bajo una lápida que lleva el nombre de Wölfgang Gërhard, y allí permaneció hasta su exhumación en 1985. Expertos forenses de Estados Unidos, Alemania e Israel se encargaron de las investigaciones. Se enviaron muestras óseas a Inglaterra, donde existen bancos de datos para su comparación. Esa comparación se retrasó muchos años debido a que la ex esposa de Mengele, Irenna, y su hijo Rolf, se negaban a dar muestras de sangre. "Fue allí que decidí ir a Alemania con mi hermana gemela, y durante tres semanas protestamos frente a la fábrica Mengele. Yo simplemente dije: ¡nosotros entregamos la sangre de millones en Auschwitz! ¡Cómo pueden negarse a dar una simple gota, para el estudio de la verdad!" (Eva Mozes Kor). Finalmente las autoridades alemanas presionaron a Rolf y a su madre, y se obtuvieron las muestras requeridas. El examen de ADN dió un resultado: el hombre sepultado en Ambu, Brasil, fue el padre biológico de Rolf Mengele.

marzo 10, 2008

Combustión espontánea

Una de las anomalías que mayor entusiasmo provocan en los devotos de lo paranormal es la llamada Combustión Humana Espontánea (frecuentemente citada por sus siglas en ingles: SHC, Spontaneous Human Combustion). Implica que un cuerpo humano, por lo usual vivo, comienza a arder de un modo súbito, sin una fuente de ignición externa conocida; al parecer, el fuego es producido por calor generado internamente, a través de algún mecanismo oscuro e indeterminado (existen varias teorías al respecto, todas igualmente insatisfactorias). Desde el siglo XVII hasta la actualidad se han documentado varias decenas de casos de este insólito evento.

En su versión más divulgada, el fenómeno nos es presentado de la siguiente manera: de forma inesperada, la víctima estalla en llamas; el fuego aparece bruscamente y sin causa discernible, es muy intenso y extremadamente localizado; en un lapso de tiempo muy corto, de minutos o aún de segundos, el cuerpo queda casi completamente destruido y reducido a un pequeño montón de cenizas grisáceas. La víctima no tiene la más mínima posibilidad de pedir ayuda o de realizar maniobras salvadoras. Por contraste, los objetos ubicados en su proximidad quedan relativamente indemnes, incluyendo algunos tan extremadamente combustibles como una pila de periódicos o una caja de cerillas; en numerosas ocasiones, las ropas de la víctima resultan relativamente poco dañadas. Como detalle macabro adicional, algunos segmentos del cuerpo resultan casi intocados por las llamas, generalmente las piernas y los pies, en ocasiones los brazos. Cuando no es destruido, el cráneo queda encogido hasta un tamaño inverosímil. Una capa de hollín grasiento suele quedar depositada en las paredes y en el techo de la habitación. En otras ocasiones, pequeños fragmentos del cuerpo quedan esparcidos por las paredes: es la "Explosión Humana Espontánea", aún más espectacular pero mucho menos documentada.

Los partidarios de la combustión espontánea mantienen que es un fenómeno discreto y genuino en el cual la carne del cuerpo humano se incendia sin ninguna causa externa. El grupo de teorías de la combustión espontánea se divide en dos: las sobrenaturales y las no-sobrenaturales. Los partidarios de las teorías sobrenaturales creen que la causa de la combustión espontánea está casi seguramente más allá de la comprensión humana. Plantean varias conjeturas, que incluyen fantasmas, ira divina, etcétera. Los partidarios de las teorías no sobrenaturales creen que la combustión espontánea es un fenómeno que actualmente es o será comprensible. Prácticamente no existe consenso general entre los que defienden este tipo de conjeturas. Más aún, existe muy poco consenso entre los que defienden este tipo de posturas y los escépticos.

La primera investigación sistemática del fenómeno se le debe al francés Jonas Dupont, quien en 1763 publicó un libro titulado De Incendis Corporis Humani Spontaneis. Según se cree, Dupont se inspiró en un caso ocurrido en febrero de 1725 en Rheims, el de una mujer llamada Nicole Miller, encontrada quemada en el piso de su cocina. A lo largo de los siglos XVIII y XIX los casos menudean. Algunos de ellos resultan verdaderamente espeluznantes, como el de la Sra. Peacock, ocurrido en algún momento antes de 1809. El cuerpo de la desdichada mujer fue descubierto cuando a las dos de la madrugada sus restos carbonizados comenzaron a caer en la habitación de su vecino del piso de abajo, a través de un hoyo quemado en el suelo de madera. El gran novelista victoriano Charles Dickens no desdeñó el tema, y en su novela Bleak House, publicada en 1853, hizo morir a uno de sus personajes de esta manera tan dramática, empleando como recurso literario los detalles del caso de la condesa di Bandi. A las objeciones de un crítico respecto a que la combustión humana espontánea era imposible, Dickens respondió en el prefacio de la segunda edición de su novela invocando los alrededor de treinta casos registrados hasta entonces. Por lo que se ve, las polémicas al respecto no constituyen ninguna novedad.

Posteriormente, el interés por la Combustión Humana Espontánea languideció, hasta que vino a reanimarlo el célebre caso de Mary Reeser, ocurrido el 2 de julio de 1951 en St. Petersburg, Florida, el cual es considerado como un "clásico" de la Combustión Humana Espontánea. La Sra. Mary Reeser, una obesa viuda de 67 años de edad, fue encontrada reducida a cenizas en su apartamento; el cuerpo había quedado casi totalmente destruido, a excepción de su pie izquierdo. También se habían quemado el sillón donde se encontraba sentada, y una mesa y una lampara adyacentes; el resto del departamento sufrió muy pocos daños. Un detalle: la última vez que fue vista con vida - por su hijo, la noche anterior - la Sra. Reeser acababa de tomar dos cápsulas de Seconal, y fumaba un cigarrillo.

Después vendrían otros casos no menos famosos: el de John Irving Bentley, un cirujano de 92 años de edad, en 1966; en 1980 el de Henry Thomas, de 73 años; en 1986 el de George Mott, un bombero retirado de 58 años que sufría de una severa enfermedad pulmonar, por citar solo algunos. Algún investigador acucioso de los fenómenos paranormales ha intentado establecer un censo de los casos de supuesta Combustión Humana Espontánea ocurridos en los últimos años. Así, se ha llegado a determinar que en la década de los 50 ocurrieron once casos, en la de los 60 siete, en la de los 70 trece y en la de los 80 nada menos que veintidós. Estas cifras sin duda lucen alarmantes, pero hay que mirarlas con desconfianza, por la franca tendencia de los divulgadores de estos fenómenos a mezclar casos "comprobados", con otros que no lo son tanto, con meros rumores y con cuentos que van de boca en boca. Garth Haslam, en su ya mencionada compilación Spontaneous Human Combustion; Brief Reports in Chronological Order, describe 53 casos desde el siglo XVII hasta 1982, de los cuales clasifica a veinte dentro de la categoría de "datos desconocidos o inseguros". De aquellos que presentan "datos conocidos", quince ocurrieron a partir de 1951, y de estos, varios resultan muy sospechosos, como el de cinco hombres encontrados quemados dentro de un automóvil en una carretera rural de Kentucky en 1960, o el de una mujer anónima que supuestamente fue vista estallar en llamas "mientras caminaba", en Chicago en octubre de 1982, y que al final resultó ya estar muerta antes de quemarse, aparte de que se encontraron trazas de hidrocarburos acelerantes en sus ropas, o el de otra mujer desconocida encontrada quemada hasta morir "en algún lugar de Londres" (???) en 1964... ¿Cuantos de estos casos corresponden simplemente a crímenes y accidentes ordinarios? No hay forma de saberlo, precisamente por la falta de datos consistentes; pero se transmutan alegremente en SHC y pasan de inmediato a engrodar las estadísticas del misterio. Por lo visto, las fuerzas más allá de nuestra comprensión necesitan de cuando en cuando una pequeña ayuda humana para que resulten convincentes. Exactamente igual que ocurre con el ya semiolvidado "misterio" del Triángulo de las Bermudas.

Por lo pronto, vayamos trazando un perfil de estos casos, excluyendo, por supuesto, los rasgos puramente mitológicos o legendarios de los mismos:
1. El evento siempre ocurre dentro de recintos cerrados, usualmente en el dormitorio de la víctima.
2. La víctima siempre está sola, y ha permanecido así por un período que usualmente abarca varias horas; en muchas ocasiones, el cuerpo se descubre "a la mañana siguiente". Nunca hay testigos, nadie se da cuenta de lo que está ocurriendo.
3. Las quemaduras generalmente son más severas que las que suele causar un fuego "normal". En un incendio convencional, el cuerpo casi siempre resulta carbonizado, pero queda más o menos completo. Además, las quemaduras por supuesta "Combustión Humana Espontánea" no se distribuyen uniformemente en el cuerpo: el torso y los muslos por lo general son los más afectados, quedando en muchas ocasiones destruidos casi por completo y reducidos a cenizas (incluyendo los huesos), pero las extremidades resultan relativamente indemnes (un pie, un brazo, a veces el cráneo).
4. La combustión es muy localizada: se quema el cuerpo y los objetos situados en su proximidad inmediata. Esto incluye las vestimentas de la víctima, que por lo general resultan completamente destruidas (en contra de lo que suele afirmar la mitología de la SHC), su asiento, las ropas de cama, una mesa ubicada junto a ella, el piso de la habitación donde yace, si este es combustible. Pero fuera de este círculo de destrucción, los objetos quedan relativamente indemnes.
5. El piso alrededor del cuerpo está casi siempre cubierto por una capa de sustancia grasienta, amarilla y maloliente; restos de dicha sustancia, o de "un hollín grasiento", pueden encontrarse también en el techo y en las paredes.
6. Los objetos que se encuentran por encima más o menos un metro del suelo muestran signos de daño por calor (por ejemplo, las tapas plásticas de los interruptores eléctricos, que se funden); los objetos por debajo de esa línea, no muestran daños.
7. Las víctimas en sí muestran algunas características interesantes: se ha estimado que el 80 % son mujeres; muchas son obesas o con sobrepeso, una gran proporción de ellas son alcohólicas o han estado bebiendo antes del accidente, es frecuente que sean de edad avanzada, otras presentan enfermedades crónicas. En general, puede decirse que siempre presentan alguna seria desventaja física que los coloca en gran riesgo de morir (de la supuesta combustión o de cualquier otra cosa).
8. Siempre existe una fuente externa de ignición en la habitación y cerca de la víctima. Muchas de las víctimas son fumadoras, y fumadoras de hábitos desordenados (como el anciano John Bentley, cuyo guardarropa estaba lleno de quemaduras de las cenizas de su pipa).

En buena parte, la leyenda de la Combustión Humana Espontánea está construida en base exageraciones y omisiones de este tipo. Se omite la mención de las discapacidades de la víctima, del tiempo que ha permanecido sola y la presencia de una fuente de ignición; se exagera la velocidad con que el fuego la ha consumido, y se inventan algunos detalles adicionales y fantasiosos, como el tan manido de que "yacía dentro de sus ropas intactas".
Varias hipótesis difícilmente necesarias ¿Es el cuerpo humano combustible? ¿Puede encenderse el mismo? Estas son dos preguntas claves con relación a la supuesta Combustión Humana Espontánea, y en torno a ellas ha crecido una frondosa selva de pseudorrespuestas y mistificaciones. Nadie negará que existe un fenómeno que exige una explicación: como un cuerpo humano puede quemarse según el patrón que se ha descrito más arriba, y que se ha repetido en múltiples oportunidades. Personalmente creo que tiene que haber una explicación razonable para todos los casos que se incluyen dentro del cajón de sastre llamado Combustión Humana Espontánea. Considero bastante probable que no haya un mecanismo único como responsable de todos los casos. Otra cosa es que seamos o no capaces de encontrar la causa responsable de cada caso, pero, mientras la encontramos, disfrutemos con el proceso de investigación del misterio.

febrero 27, 2008

El cronovisor: una mirada a tiempos pasados

Trasladémonos a Venecia. Allí, frente a la Plaza San Marcos, y al otro lado del gran canal, se encuentra encerrado uno de los misterios mas desconcertantes -y a la vez que ignorados- de nuestros días. En la isla de San Giorgio, copada en su totalidad por instalaciones de los monjes benedictinos y de la Fundación Giorgio Cini, dedicada a la acogida y educación de los hijos huérfanos de pescadores, se esconde de su pasado el padre Pellegrino Ernetti. Profesor de "Prelolofonía" (música anterior al año mil) en el Conservatorio Benedetto Marcello de Venecia, Ernetti oculta sus investigaciones sobre el tema del tiempo, ocupándose en la actualidad de recibir y tratar entre cuatrocientas y quinientas personas semanales aquejadas de estar poseídas por el diablo: es exorcista.

El padre Ernetti no ha querido dar muchas explicaciones sobre de cómo él, ayudado de un nutrido equipo de científicos europeos, había estado diseñando -en plenos años cuarenta- una máquina capaz de fotografiar el pasado. «El principio es muy sencillo: las ondas visibles y sonoras del pasado no se destruyen. Y no lo hacen porque son energía. La grandeza de nuestro invento, que llamamos Cronovisor, está en poder recuperar esa energía y recomponer las escenas».Ernetti hizo varias declaraciones apresuradas a la prensa italiana de finales de los años cuarenta. Aseguró haber recompuesto, en su versión original, la oficialmente desaparecida obra Thyestes, elaborada por Quinto Ennio y representada en Roma hacia el año 169 d.C. También aseguró haber obtenido el texto original de las Tablas de la Ley entregadas por Yahvéh a Moisés en el Monte Sinai, aparte de otras singulares "fotografías" obtenidas de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y de otros trascendentales episodios bíblicos. El eje de su planteamiento se centra en la poco científica admisión de la existencia del éter, en donde se recogerían todas y cada una de las acciones externas emprendidas por los seres humanos. Según Emetti, cada uno de nosotros emite millones de ondas a lo largo de la vida, que quedan atrapadas en alguna parte. Después, gracias a la utilización del instrumental adecuado para acceder a ese estadio de información y decodificar las ondas que se están buscando (en lo que, a decir del investigador francés Robert Charroux, se emplearía un oscilógrafo catódico que lograría reconstruir las emisiones originales) se puede acceder a las imágenes y sonidos que se deseen.

La siguiente entrevista fue realizada por el investigador, y ahora director de la revista Más Allá, Javier Sierra:

-«Pero todo ha terminado -dice el padre Ernetti-. Yo ya hablé. El papa Pío XII nos prohibió que divulgáramos cualquier detalle sobre esta investigación, porque la máquina del pasado es muy peligrosa. Puede cortar la conciencia de libertad del hombre, ya que con este aparato se podrá conocer qué has estado haciendo esta mañana, dónde, cuándo, cómo...»

-¿Sigue usted manteniendo, a pesar de los años, que todavía posee el texto original de las Tablas de la Ley?
-«Sí, lo tenemos. Pero no podemos desvelar nada. Lo siento.»

-¿Y cuándo cree que podrá hablar, padre?
-«No lo sé. Ya sabe que hay muchas cosas que reciben el nombre de Secretos de Estado...»

-¿Del Vaticano?
-«No. De todos los Estados. Por eso no es posible hablar.»

-¿Todas las investigaciones que se hicieron con la máquina se realizaron en Venecia?
-«No. En todo el mundo.»

-No sabe cuándo dejará de ser secreto, ¿verdad?
-«Espero que pronto, pero es muy difícil. Se revelarán demasiados secretos.»

-¿Cambiaría mucho nuestra concepción de la Historia del Hombre?
-«Mucho. Incluso las lenguas serían irreconocibles...».

Tres meses después de la publicación de la noticia en Domenica del Corriere, Ernetti quedó desacreditado cuando se descubrió que una imagen del rostro de Jesús que, según él, demostraba la viabilidad de su «cronovisor», no era más que la fotografía de un crucifijo venerado en el santuario del Amor Misericordioso de Collevalenza, en Perugia. Pasaron años sin que Ernetti compareciera ante los medios de comunicación. Lo más obvio es pensar que estaba avergonzado; sin embargo, no todo resulta tan claro. Cuesta creer que un hombre de su elevada talla intelectual y moral se involucrara en un fraude tan burdo. A nadie le extrañaría que, de existir el ingenio capaz de recuperar el pasado, hubiera sido interceptado y vetada su difusión por las autoridades civiles, militares o religiosas, temerosas de las consecuencias derivadas de su uso, ya que con él se podrían conocer los secretos de grandes personajes y se resolverían muchas incógnitas históricas. Como afirmaron algunos, «sería posible, por ejemplo, contemplar los milagros de Jesús». Pero ¿y si se descubriera, por ejemplo, que tales prodigios no sucedieron tal como nos han contado sino que fueron inventados por sus discípulos? Entonces se produciría una crisis religiosa sin precedentes. Ernetti declaró que la Iglesia le puso una mordaza que no le permitía hablar. Desprestigiar su trabajo resultaba fácil para la jerarquía eclesiástica. Así se garantizaba la burla de la opinión pública y se aseguraba el dominio omnipotente del Vaticano sobre el invento.

Pero aún hay más. En 1965, el diario Il Giorno difundió que los servicios secretos del Vaticano, en colaboración con los del contraespionaje italiano, detuvieron a un ingeniero llamado Antonio Beretta, bajo la sospecha de que trabajaba para el KGB. Lo cierto es que el arrestado era un experto en la teoría de la relatividad y que durante 8 años trabajó al servicio del Padre Ernetti. La única información que pudo haber vendido a los soviéticos habría sido la relacionada con las actividades desarrolladas en el laboratorio de Ernetti, en San Giorgio Maggiore. Durante un congreso internacional, un funcionario del ministerio del Interior soviético, Sergei Antonov, confió a un delegado occidental que «los propios trabajos de nuestros físicos nos inducen a pensar que el equipo de San Giorgio ha debido realizar ya la grabación en magnetófono de la explosión de Sodoma y Gomorra, así como la inscripción de las Tablas de la Ley en el Sinaí». Y en un artículo publicado por el diario ruso Pravda, se leía: «Las investigaciones sobre la reconstrucción del pasado efectuadas en Italia bajo el control del Vaticano y del ministerio del Interior están mucho más avanzadas de lo que se ha pretendido. Es un trabajo fuertemente vigilado por los servicios secretos del Vaticano».

Por su parte, la revista Año Cero descubrio que Ernetti, estando muy enfermo y sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, envió una carta a Luigi Borello, su principal crítico. La misiva es una especie de testamento donde afirma que «la existencia del artefacto es una sacrosanta verdad; que se hayan captado tantas cosas del pasado es también verdad; que entre estas cosas estuviera la imagen de Jesús es verdad; y que las autoridades supremas han prohibido el uso del ingenio, es otra verdad». «Nuestro Cristo fue captado en 1953, mientras que el de Collevalenza fue realizado 6 años más tarde». Podemos pensar que era la palabra de un moribundo, la confesión de un religioso a otro, sin embargo demostraremos incoherencias difícilmente refutables. La fundadora del Santuario de Collevalenza resultó ser una mística estigmatizada. La obra obedecía a sus visiones, lo cual podía confirmar la validez de la evidencia presentada por Ernetti. De no ser porque el crucifijo, en realidad, data de 1930. Por cierto, ¿cómo es posible que la instantánea de Jesús sea de 1953, si el propio monje declaró que fue en 1963 cuando reunió al equipo que iba a ayudarle a construir la máquina? Pero, ¿por qué la Iglesia y los servicios secretos italianos se involucraron en algo que no era más que un delirio? Aún más importante, ¿por qué, en 1988, el Vaticano emitió un decreto según el cual serán excomulgados todos aquellos que capten o divulguen «con cualquier instrumento técnico acontecimientos pasados ... »?

Borello dudó de Ernetti, pero aún sostiene que la materia recoge lo acaecido y es posible recuperarlo con la tecnología adecuada: «Actualmente coordino dos equipos que trabajan en el desarrollo del cronovisor, uno en la facultad de ingeniería de Tor Vergata, en Roma, y otro en un laboratorio de Treviso. Usamos una sonda bidireccional conectada a complejos amplificadores con los que se estimula un bloque de materia del que emana una energía. Esta experimentación es muy precisa, pero aún no podemos preguntarle a un objeto qué ha visto o que ha escuchado. «No obstante -concluye-, no puedo ser más concreto. El trabajo que efectuamos en Roma y Treviso es top secret».

septiembre 27, 2007

La extraña muerte de un Papa: ¿conspiración religiosa o política?

El "Papa de la sonrisa", como se le conoció a Juan Pablo I, no alcanzó a visitar ni un solo país, ni a publicar ninguna encíclica ni a canonizar a nadie. Su muerte dejó sin embargo un sordo rumor que el Vaticano ha descalificado una y otra vez, a pesar de los ríos de tinta que han corrido sobre extraños hechos y especulaciones. Algunos periodistas y sacerdotes que han tratado el tema, aseguran que Juan Pablo I fue asesinado.

APUNTES BIOGRÁFICOS

Juan Pablo I (Canale d'Agordo, 17 de octubre de 1912 - † Ciudad del Vaticano, 28 de septiembre de 1978). Fue Papa de la Iglesia católica en 1978 y en la actualidad se encuentra en proceso de beatificación.

Nombrado al momento de su nacimiento como Albino Luciani, es el primer pontífice nacido en el siglo XX. Vio la luz en una pequeña localidad italiana llamada Canale d'Agordo en la familia de Giovanni Luciani y Bortola Tancon siendo el mayor de cuatro hermanos. A los 10 años, y luego de haber vivido en la pobreza durante la Primera Guerra Mundial, su madre murió y su padre contrajo nuevas nupcias con una mujer de gran devoción; fue entonces cuando nació su vocación sacerdotal, según él declaró, gracias a la predicación de un fraile capuchino. En 1923 ingresó en el seminario menor de la localidad de Feltre, aunque luego pasó al seminario mayor de Belluno, donde fue ordenado en 1935. Tras su ordenación se trasladó a Roma donde hizo sus estudios teológicos en la universidad Gregoriana. Al terminar los estudios regresó a su localidad natal donde empezó su labor pastoral como párroco de Forno di Canale y de Agordo, labor que compatibilizó con una función docente en el Instituto Tecnológico Minero.
Antes de convertirse en "el Papa de la sonrisa" (como sería conocido por muchos), ocupó importantes cargos y distinciones: Vicerrector del seminario de Belluno, fue nombrado Doctor en teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma en 1947 y Vicario General de Belluno (diócesis a cargo de la cual estuvo 11 años) en 1954; en 1958 Juan XXIII lo consagra como obispo de Vittorio Veneto y el 15 de diciembre de 1969 fue nombrado Patriarca de Venecia, penúltimo paso antes de su elección como Sumo Pontífice al que intermediaría su consagración como cardenal el 5 de marzo de 1973.

Fue elegido como el 263º Papa oficial de la Iglesia Católica el 26 de agosto de 1978. Fue el primer Papa con dos nombres, gesto con el que pretendía honrar a sus dos predecesores: Juan XXIII y Pablo VI. Después de su elección, Juan Pablo I estableció un ambiente de optimismo y reformas. Pero nunca llegaría a avanzar más allá de las propuestas. Murió, según las fuentes oficiales de un infarto, 33 días después de su elección como Papa, el 28 de septiembre de 1978, siendo el cuarto pontificado más breve de la historia.

Profecías

Según las Profecías de San Malaquías se le atribuye a Juan Pablo I el lema "De medietate Lunae", que en la traducción del latín al español es "De la media luna". Su nombre de pila (Albino Luciani) significa luz blanca; nació en Belluno (del latín bella luna); fue elegido Papa el 26 de agosto del 1978, la noche del 25 al 26 la luna estaba en “media luna” y falleció tras un eclipse de la luna; también su nacimiento, su ordenación sacerdotal y episcopal ocurrieron en noches de media luna.

Sor Lucía dos Santos (vidente del suceso de Fátima) le reveló en 1977 al entonces Cardenal Luciani su futura entronación al papado, y además le adelantó que su pontificado duraría lo que duró la vida de Jesús (33 años vivió Jesús, 33 días de papa). Se dice que Juan Pablo I sabía que duraría poco en el papado, y predijo que lo sucedería "el extranjero" que estaba sentado al frente de él en el cónclave - se refiría al Cardenal Wojtyla, el futuro papa Juan Pablo II.

LOS HECHOS

En la mañana del 28 de septiembre, Juan Pablo I dirigía a un grupo de obispos filipinos su ultimo discurso, que, a la luz de los acontecimientos posteriores, asumiría un significado especial: "Al daros la bienvenida con profundo afecto, deseamos recordar un pasaje encontrado en el Breviario. Se refiere a Cristo y fue citado por Pablo VI durante su visita a Filipinas: "Yo debo dar testimonio de su nombre, Jesús es Cristo, el Hijo de Dios Vivo...". Entre los derechos del fiel, uno de los mayores es el derecho a recibir la Palabra de Dios en toda su integridad y pureza, con todas sus exigencias y fuerza. Un gran reto de nuestro tiempo es la completa evangelización de todos aquellos que han sido bautizados, y en dicho reto, los obispos de la Iglesia tienen una responsabilidad primordial”.

El día 28 por la tarde Benelli acudió al Vaticano. Luciani le había telefoneado a media mañana y pensaba depositar en él la responsabilidad política y diplomática del Vaticano. El propio Benelli diría después por Radio Vaticano: "Lo encontré perfectamente de salud y con un humor excelente". Algo semejante dice el cardenal Villot, que se había encontrado con el Papa por la tarde: "El Papa se encontraba perfectamente. No noté signo alguno que pudiera prever el fatal desenlace, y ni siquiera lo encontré fatigado". Finalmente, el cardenal Colombo, arzobispo de Milán, reveló que ya de noche recibió una llamada telefónica del Papa y que no advirtió anomalía alguna en su voz. En efecto, "todos coinciden en asegurar que nada anormal detectaron en el Papa"

Cuando murió Pablo VI, el 6 de agosto de 1978 a las 9:40 de la noche, bastaron unos minutos para que el mundo tuviera la noticia, pero cuando murió Juan Pablo I, casi tres horas después del hallazgo del cadáver el Vaticano facilitó el comunicado que decía textualmente: "Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, hacia las cinco y media, el secretario particular del Papa, no habiendo encontrado al Santo Padre en la capilla, como de costumbre, le ha buscado en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún leyera. El médico, Dr. Renato Buzzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte, acaecida probablemente hacia las 23 horas del día anterior a causa de un infarto agudo de miocardio".

La noticia causó sorpresa y estupor. Después se añadió el nombre de Magee al comunicado, quien fuese anteriormente secretario de Pablo VI. Realmente, hoy pocas cosas quedan en pie de las afirmadas en dicho comunicado. El propio John Magee, actualmente obispo de Cloyne (Irlanda), ha dicho recientemente que no fue él, sino una religiosa quien encontró muerto a Juan Pablo I: "Aproximadamente a las 5 de la mañana una monja muy agitada fue a despertarme: 'El Papa ha muerto', me dijo. Preocupada porque el Pontífice no había tomado el café, que las monjas le dejaban todos los días a las 4:30 delante de la puerta de su habitación, había entrado y visto el cuerpo inmóvil. Después había corrido hasta mi habitación para avisarme" .
Magee bajó inmediatamente a la habitación del Papa y constató que, efectivamente, había muerto. Dijo a las religiosas que no tocaran nada y fue a llamar por teléfono al cardenal Villot. Según Magee, eran las 5:40. A continuación llamó al doctor Buzzonetti. Ambos, el cardenal y el doctor, "entraron juntos en la habitación del Papa y constataron con sus propios ojos que el Papa estaba muerto".

Cuando murió Pablo VI, se publicó un detallado informe médico. Con Juan Pablo I no. Se supone que basta un examen externo del cadáver y un lacónico comunicado oficial para dar respuesta a estas interrogantes: ¿cuándo murió Juan Pablo I? Y sobre todo ¿de qué murió?

Por lo que se refiere al momento de la muerte, la estimación oficial no coincide con la de los embalsamadores, hermanos Signoracci: Al examinar el cadáver antes de que lo trasladaran a la sala Clementina, los hermanos Signoracci habían llegado a la conclusión, por la ausencia del rigor mortis y por la temperatura del cuerpo, que la muerte se había producido, no a las once de la noche del 28 de septiembre, sino entre las cuatro y las cinco de la madrugada del 29. Sus conclusiones se vieron confirmadas por monseñor Noé, que les dijo que el Papa había muerto poco antes de las cinco de la madrugada. Tanto la religiosa que descubrió el cadáver, sor Vincenza, como el secretario Diego Lorenzi confirmaron el detalle de la temperatura del cuerpo, que encontraron todavía tibio.

A las 5 AM, el Cardenal Villot confirmó la muerte del Santo Padre. Los anteojos del Papa, sus pantuflas y testamento desaparecieron, ninguno de estos objetos jamás fueron vistos de nuevo.

El Cardenal Villot (o un ayudante) telefoneó a los embalsamadores y se envió un carro del Vaticano a traerlos. Lo que sucedió en la siguiente hora es aún un misterio. No fue sino hasta las 6.00 que el Dr. Buzzonati (no el Profesor Fontana, jefe del servicio medico del Vaticano), llegó y confirmó la muerte, sin escribir un acta de defunción. El Dr. Buzzonati atribuyó la muerte a un infarto agudo del miocardio (ataque al corazón).
Cerca de las 6.30 Villot comenzó a informar la noticia a los cardenales: una hora y media después que los embalsamadores habían llegado.
Para las 18 horas de ese día, los apartamentos papales se habían lavado, limpiado y pulido totalmente. Los secretarios empacaron y se llevaron toda la ropa del Papa, incluyendo sus cartas, notas, libros y un pequeño puño de recuerdos personales: los 19 cuartos de los apartamentos papales habían sido completamente vaciados de cualquier cosa remotamente asociada al papado de Luciani.

Villot hizo los arreglos para que el embasalamiento se hiciera esa noche, un procedimiento tan inusual como ilegal. ¿Por qué el apuro? También se informó que durante el embasalamiento se insistió que nada de sangre fuese drenada del cuerpo, y ninguno de los órganos tampoco debían ser removidos. Una pequeña cantidad de sangre hubiese sido más que suficiente para que un científico forense estableciera la presencia de cualquier sustancia venenosa.

Sin duda, la cuestión clave es la determinación de la causa de la muerte. Es decir: ¿de qué murió Juan Pablo I?

El obispo de Cuernavaca (México), Méndez Arceo, pidió públicamente que se realizara la autopsia: "Tanto al cardenal Miranda como a mí nos parece que podría ser de mucha utilidad". Y Franco Antico, de la organización tradicionalista Civiltà Cristiana, solicitó una investigación formal. De forma tajante, el cardenal Oddi, que con el cardenal Samor, fue asistente de Villot durante el período de la sede vacante, afirmó que no habría investigación alguna: "He sabido con certeza que el Sagrado Colegio cardenalicio no tomar mínimamente en examen la eventualidad de una investigación y no aceptar el menor control por parte de nadie y, es más, ni siquiera se tratará la cuestión en el colegio de cardenales".

Sin embargo, según el diario "La Stampa" de Turín, del 8 de octubre, los cardenales reunidos en congregación general solicitaron conocer las circunstancias precisas de la muerte del Papa Juan Pablo I. El diario señala que "los cardenales, ante los interrogantes que se plantea la 'opinión pública' provocados por el hecho de que únicamente fue publicado un breve comunicado anunciando la muerte del Papa, la ausencia de un boletín médico y la negativa del Vaticano a proceder a una autopsia, han solicitado que los medios oficiales de información de la Santa Sede anuncien las circunstancias exactas de la muerte del Pontífice". Al menos, algún cardenal habría pedido puntualizaciones al respecto. El Vaticano ni confirma ni desmiente esta información; simplemente, no responde.

Pero ¿por qué no se hizo la autopsia? ¿Tenía la Iglesia algo que perder? Responde monseñor Nicolini, autor de una biografía sobre Juan Pablo I y, durante varios años, vicedirector de la sala de prensa del Vaticano (actualmente obispo de Alba, en la provincia italiana de Cuneo): "El Sacro Colegio no ordenó la autopsia porque la consideró superflua, no habiendo duda alguna sobre las causas naturales de la muerte del Papa Luciani. La autopsia no podía sino confirmar cuanto ya se sabía".
Sin embargo, la pregunta obvia es: ¿cómo se sabía? Más aún: ¿cómo se podía saber a partir solamente de un examen externo del cadáver? Como diversos especialistas indicaron, es clínicamente imposible explicar la causa de la muerte por infarto de miocardio agudo (y, además, instantáneo) sin la realización de la autopsia.

Al doctor Buzzonetti, que con el doctor Fontana firmó el certificado de defunción, se le cuestionó cuándo vió al Papa por última vez. Ésta es la respuesta: "Yo puedo ser muy preciso sobre esto. Ni yo ni el profesor Fontana −que era jefe del Servicio Médico Vaticano y que murió en 1979− fuimos llamados nunca a prestar nuestros servicios profesionales al Papa Juan Pablo I. Yo le vi al final del cónclave. Yo era suplente de Fontana. Posteriormente yo creo que le vi en alguna función. Después le vi muerto. Eso es todo". El doctor dice no saber nada de las medicinas que tomaba el Papa. Tampoco sabe si estaba sobrecargado de trabajo o deprimido.

Contra lo que afirma Magee, Buzzonetti niega haberse encontrado con el doctor Da Ros, médico personal de Luciani, el domingo 24 de septiembre: "ese encuentro nunca se dió". Dice también: "Todos los aspectos clínicos de éste asunto de Juan Pablo I están cubiertos por dos secretos: el primero es el secreto profesional, del que nadie me puede liberar; después está el secreto de mi cargo como vicedirector del Servicio Médico del Estado Vaticano. Pero, de cualquier modo, yo no sé nada".

INVESTIGACIONES POSTERIORES

"Juan Pablo I fue asesinado por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador. Pensaba hacer cambios importantes en la curia del vaticano. Los apuntes que tenía en la mano, al ser encontrado muerto, contenían los nombres de los nuevos cargos". El sacerdote Jesús López Sáez ha escrito un polémico libro cuando, el 29 de septiembre (2003), se cumplieron 25 años de la muerte de quien sólo estuvo 33 días al frente de la Iglesia Católica.

Tras 25 años de investigación profunda, sus conclusiones son estremecedoras y echan por tierra la tesis oficial.

La curia romana, con Juan Pablo II a la cabeza, siempre sostuvo que la muerte del Papa Luciani fue la de un enfermo, incapaz de asumir el tremendo peso de la tiara. López Sáez sostiene, en cambio, que la muerte del Papa fue un asesinato orquestado por algunos miembros de la Curia, de la mafia y de la masonería; el asesinato de un Papa en plena forma y tan capaz de regir la Iglesia que estaba pensando en darle un vuelco de 180 grados al Vaticano, a sus dineros y a la curia romana. Pero la consigna en la Iglesia era clara y tajante: "Ningún eclesiástico puede remover las cenizas del Papa Luciani y, ante las múltiples preguntas de los fieles en todo el mundo, los clérigos deben responder con la verdad oficial".

Fruto de este trabajo de años es un nuevo libro, El día de la cuenta, en el que plasma sus conclusiones definitivas. Pero a la Iglesia no le gusta que uno de sus más prestigiosos sacerdotes asegure que un Papa fue asesinado y denuncie una curia que es una "auténtica cueva de ladrones", dice.

¿Quién mató al Papa?

Hoy está comprobado que Juan Pablo I estaba bien de salud. Lo confirma su médico personal, el doctor Da Ros: "El Papa no ha pasado nunca 24 horas en cama, ni una mañana o una tarde en cama, no ha tenido nunca un dolor de cabeza o una fiebre que le obligase a guardar cama. Gozaba de una buena salud; ningún problema de dieta, comía todo cuanto le ponían delante, no conocía problemas de diabetes o de colesterol; tenía sólo la tensión un poco baja". Tener la tensión un poco baja es, para muchos médicos, "un seguro de vida".

También se sabe que Juan Pablo I no murió de infarto, porque "no hubo lucha con la muerte". Con el tiempo el propio Vaticano ha reconocido que el primero en encontrarlo no fue monseñor Magee, su secretario, sino sor Vincenza, la monja que lo cuidaba. Según el relato de esta hermana, "el Papa estaba sentado en la cama, con las gafas puestas y unas hojas de papel en las manos. Tenía la cabeza ladeada hacia la derecha y una pierna estirada sobre la cama. Iniciaba una leve sonrisa".

¿Qué tenía en las manos? Evidentemente no tenía el Kempis, como dijo el Vaticano, un libro demasiado grueso para ser sostenido entre los dedos. Los apuntes que tenía eran unas notas sobre la conversación de dos horas que el Papa había tenido con el secretario de Estado, cardenal Villot, la tarde anterior", dice López Sáez. En ella, el Papa le había adelantado a su número dos los importantes cambios que pensaba hacer en la curia. Y ése fue el detonante de su muerte.

Por su parte, el Dr. R. Cabrera, forense del Instituto Nacional de Toxicología, afirma lo siguiente: "La forma en que se encuentra el cadáver no responde de suyo al cuadro propio del infarto de miocardio: no ha habido lucha con la muerte. No existe otra sintomatología que lo delate... El cuadro encontrado podría responder mejor a una muerte provocada por sustancia depresora y acaecida en profundo sueño".

¿Cuál fue el arma del crimen? "A pesar de que el Vaticano lo niega, a Juan Pablo I se le hizo la autopsia y por ella se supo que había muerto por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador. Se trata de una medicina absolutamente contraindicada para quien tiene la tensión baja, como era el caso del Papa. Eso encaja con la forma en la que se encontró el cadáver: No hubo lucha con la muerte, como corresponde a una provocada por sustancia depresora y acaecida en profundo sueño", explica don Jesús. Por su parte, el ex embajador francés, Roger Peyrefitte, autor de La sotana roja, asegura que al Papa se le puso la inyección letal, por medio del mafioso Brucciato −después murió en un atentado contra Roberto Rossone, vicepresidente del Banco Ambrosiano− acompañado de dos monseñores de la curia.

Según López Sáez, "nadie sabe exactamente quién mató al Papa. Todo apunta a la logia masónica. No se puede responsabilizar a una persona en concreto, aunque hay quien señala al entonces presidente del IOR (Banco del Vaticano), monseñor Marcinckus, y al entonces Secretario de Estado, el francés cardenal Villot".
En cualquier caso se trata, según López, "de una muerte provocada en el momento oportuno". ¿Por qué? Los folios que tiene en la mano el Papa muerto contenían el nuevo organigrama de la curia y de la iglesia italiana: dimisión de Villot y del arzobispo de Milán, monseñor Colombo; traslado a Milán de Casaroli; Benelli, nuevo Secretario de Estado; Poletti, vicario de Roma, a Florencia, y Felici, nuevo vicario de Roma".
Juan Pablo I, horas antes había presentado el organigrama a Villot y éste le dijo: "Usted es libre para decidir y yo obedeceré. Pero sepa que estos cambios supondrían una traición a la herencia recibida de Pablo VI".Y Juan Pablo I le replicó: "Ningún Papa gobierna a perpetuidad".

En la mesa de luz de Juan Pablo I, había un proyecto que pensaba presentar, sobre la posibilidad de admitir el uso de pastillas anticonceptivas (ya lo había dado a conocer en la revista oficial del Vaticano) sobre la aceptación de mujeres para el sacerdocio y acreca de un acercamiento con fines de unidad con la iglesia ortodoxa. Está comprobado que el Luciani era un Papa que "estaba en el camino de la profecía". Es decir, "un Papa que no quiere ser jefe de Estado, que no quiere escoltas ni soldados, que quiere una renovación profunda de la Iglesia y, además, gobernar con los obispos. Un Papa de los pobres que quiere promover en el Vaticano un gran instituto de caridad, para hospedar a los sin techo de Roma", cuenta el padre López Sáez.

En definitiva, se teoriza que al Papa le asesinan porque quiere revisar la estructura de la curia, publicar varias encíclicas (sobre la colegialidad o la mujer en la iglesia), destituir al presidente del IOR, reformar el banco vaticano y enfrentarse abiertamente con la masonería y con la mafia que campean por sus fueros en la curia romana.
Según López Sáez, "lo determinante fue el asunto del IOR, porque la curia intentaba evitar la quiebra del Banco Ambrosiano y la decisión del Papa la iba a precipitar. Ellos querían un Papa que evitase esa quiebra". Pero, aunque quitaron de en medio a Juan Pablo I, su sucesor, Juan Pablo II, no pudo evitar la quiebra del Ambrosiano y, además, destituyó a su presidente, monseñor Marcinckus.

"Juan Pablo I no era un papa débil e indeciso como lo pintan desde el Vaticano. Está en juego no sólo la causa y las circunstancias de su muerte, sino también su figura y su testimonio". De hecho, en este momento hay dos procesos abiertos en torno al Papa Luciani. El primero es civil, reabierto en Roma por el fiscal Pietro Saviotti. El segundo es la beatificación de Juan Pablo I. Ya Juan Pablo I ha sido proclamado Siervo de Dios, el primer grado que el catolicismo otorga a un candidato para ser beatificado y posteriormente canonizado. El padre López no quiere oír hablar de este tipo de proceso: "El Papa Luciani no necesita milagros para ser santo. A Juan Pablo I hay que beatificarle como mártir, tras una profunda investigación sobre su muerte y recuperar su imagen distorsionada".

Otras investigaciones

El parte oficial indica que murió de un ataque al corazón. Pero David Yallop, autor del libro En nombre de Dios, insiste desde 1984 en la hipótesis de que Juan Pablo I fue envenenado. Los principales sospechosos fueron tres altos jerarcas de la Iglesia Católica y tres mafiosos vinculados con el mundo de las finanzas y las hermandades secretas masónicas.

Según Yallop, el Papa habría descubierto que en la venta del Banco Católico del Veneto -en 51 por ciento propiedad del Banco Vaticano- hubo irregularidades que involucraban al director del Banco Vaticano, el obispo Paul Marcinkus, y a Roberto Calvi, director del Banco Ambrosiano.

El Pontífice también se habría enterado de los lazos de Calvi con Michel Sandona y Lucio Galli, miembros de una poderosa logia llamada 'Propaganda 2' que, después se supo, promovió atentados terroristas. El catolicismo dice que el creyente que ingrese a una logia debe ser excomulgado. El Papa, según Yallop, tuvo en su poder una lista con nombres de varios obispos y religiosos pertenecientes a la logia. Uno de ellos era el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Jean Villot.

La noche del 28 de septiembre, afirma Yallop, el Papa le habría mostrado a Villot la lista de los altos prelados que serían cambiados, cesados o trasladados, entre ellos Marcinkus, también parte de la logia. La lista incluía a John Cody, arzobispo de Chicago, una de las arquidiócesis más ricas del mundo, que había sido objeto de protestas de fieles y religiosos por apropiación indebida de millones de dólares, despotismo con los feligreses y supuesta "conducta privada impropia". Pablo VI, según Yallop, quiso repetidamente destituirlo, pero nunca se atrevió. Al parecer, Juan Pablo I estaba decidido a hacerlo.

Yallop añade a la tesis del complot otro ingrediente. Cuando era sacerdote, Luciani -dice el autor- participó en una consulta interna sobre el control natal, cuyo resultado sería presentado a Pablo VI. Su postura era que el Vaticano debía aprobar la píldora antiovulante del doctor Gregory Pincus, que sería la "píldora católica". Su concepto fue rechazado, pero ya como Papa podría imponerlo, lo cual habría alarmado a Villot.

En 1991, Camilo Bassotto, amigo personal del Papa muerto, reveló que éste tenía preparadas cuatro encíclicas con reformas espectaculares que, según él, habrían cambiado el rostro del Vaticano.

A pesar de que el Vaticano ha calificado de irresponsable el libro, el que no se hubiera hecho una autopsia del Papa -pues hacerlo es inusual-, y su apresurado embalsamamiento, no hicieron más que llenar de motivos a los seguidores de la tesis del asesinato. Según ellos, una sola gota de sangre habría servido para descubrir su envenenamiento.

Serie de crímenes posteriores a la muerte de Juan Pablo I

Tras la muerte de Albino Luciani, sorprende la serie de asesinatos y atentados violentos con fines intimidatorios, que se han perpetrado para enmascarar la práctica habitual del saqueo a gran escala:

El 29 de enero de 1979 es asesinado el magistrado Emilio Alessandrini, cuando verificaba policialmente el informe del Banco de Italia sobre las actividades delictivas del Banco Ambrosiano.

El 21 de marzo del mismo año, es asesinado el abogado y periodista Mino Pecorelli, miembro arrepentido de la logia P2, que había publicado algunos informes sobre el escándalo del petróleo, fraude calculado en 2.500 millones de dólares, cuyo cerebro había sido el propio Gelli; además Pecorelli había elaborado una lista de 121 masones vaticanos. En opinión de Felici, unos lo eran y otros no; de todos modos, desde el 12 de septiembre la lista estaba en la mesa del Papa Luciani. Pecorelli, que había prometido a sus lectores cuantiosas revelaciones sobre la logia Propaganda Dos, murió de un disparo en la boca.

Poco después de la medianoche del 11 de julio, al volver a su casa, es asesinado el fiscal Giorgio Ambrosoli, que, habiendo indagado sobre el "crack Sindona", había comenzado a declarar el 9 de julio sobre el banquero siciliano y el día 10 había revelado operaciones ilegales de este con un "banquero milanés" y un "obispo norteamericano", es decir, Roberto Calvi y Paul Marcinkus, respectivamente.

El 13 de julio, juntamente con su chófer, es asesinado el teniente coronel Antonio Varisco, jefe del servicio de seguridad de Roma, que seguía una investigación sobre la P2 y había hablado largamente por teléfono con Ambrosoli sobre el tema del día (Sindona), el 9 de julio.

El 21 de julio, es asesinado Boris Giuliano, jefe del C.I.D. y superintendente de las fuerzas de policía de Palermo, que se había entrevistado el día 9 con Ambrosoli; Giuliano fue sustituido por Giuseppe Impallomeni, miembro de la P2.

El 2 de marzo de 1981, la oficina de prensa del Vaticano divulgó un documento que intrigó a mucha gente; en él se recordaba a los católicos practicantes que el Código Canónico "prohíbe a los católicos, bajo la pena de excomunión, unirse a organizaciones de carácter masónico o similar". Pocos días después, el 17 de marzo, la policía irrumpe en la villa palaciega que Gelli tenía en Arezzo y en sus despachos de la fábrica textil Gio-Le. Gelli había volado a Sudamérica. En la caja fuerte de Gelli, la policía descubre una lista de 962 miembros de la P2: militares (más de 50), industriales, miembros del Parlamento (nada menos que 36); en fin, un estado dentro del Estado. Desde su santuario personal de Montevideo, Licio Gelli seguiría exigiendo voluminosas cantidades de dinero al banquero milanés, al que solía telefonearle a la villa de Drezzo: Clara Calvi, viuda de Roberto, y su hija Anna, han señalado que el número de teléfono de la villa sólo lo conocían dos personas Gelli y Umberto Ortolani. Gelli jamás decía su verdadero nombre cuando alguien de la familia Calvi le preguntaba quién era. Les respondía con su nombre en clave: Luciani. Esta clave la utilizaba desde 1978.

Otros acontecimientos significativos: el 27 de marzo de 1980, Michele Sindona fue declarado culpable de 65 actos delictivos, entre ellos, fraude, conspiración, perjurio, falsificación de asientos bancarios y apropiación indebida de los fondos de su banco. Se le impuso una condena de 25 años de cárcel. Esto fue en Estados Unidos, donde se encontraba; también pesaba sobre él, desde hacía vanos años, una orden de extradición presentada por el gobierno italiano.

El 29 de julio de 1981, Calvi "fue sentenciado a cuatro años de prisión y a pagar una multa de 16.000 millones de liras. Sus abogados apelaron de inmediato y Calvi fue puesto en libertad bajo fianza". Casi un año después, el 18 de junio de 1982, Calvi aparece colgado de un puente de Londres; unas horas antes, su secretaria, Graziella Corrocher, había caído desde el cuarto piso de la sede central del banco milanés, dejando una "nota de suicidio"; algo parecido sucede unos meses después, el 2 de octubre de 1982, con Giuseppe Dellacha, un ejecutivo del Banco Ambrosiano. El 13 de septiembre de 1982, Licio Gelli fue detenido en Ginebra y fue encarcelado en Champ Dollon, una prisión de máxima seguridad, mientras se tramitaba la extradición; pero el 10 de agosto de 1993 Licio Gelli escapó.
Sin que se pueda concretar en una persona la responsabilidad de la muerte de Juan Pablo I, de todo lo anterior se deduce que el 28 septiembre de 1978 había quienes "tenían mucho que perder" si el Papa Luciani continuaba en la silla de Pedro: Sindona, Calvi, Marcinkus, Cody y, desde esa tarde, el propio Villot. Licio Gelli y Umberto Ortolani también se veían directamente afectados: "para estos dos hombres, líderes de la P2, perder a Roberto Calvi significaba que la logia perdería a su principal valedor".

Con la explicación oficial, Roma dio por cerrado el caso. Pero, aún hoy, en toda la cristiandad sigue flotando un aire de misterio y sospecha. La herida se ha cerrado en falso.