junio 20, 2008

Voytek, el oso que peleó en la Segunda Guerra Mundial

A pesar de haber sido invadido su país y muchos de sus ciudadanos encerrados en campos alemanes y soviéticos, el ejército polaco libre peleó en la Segunda Guerra de manera móvil. Una de sus compañías, la 22ª Compañía de Transporte, se encontraba en Medio Oriente con el fin de suministrar soporte a los Aliados en el frente del Líbano. No obstante, lo curioso de esta historia tendría lugar en las montañas de Hamadan en Irán, cuando parte de la compañía que se encontraba de patrulla se topara con un un osesno cuya madre había sido abatida por cazadores. Tras una discusión decidirían llevárselo y convertirlo en la mascota de la compañía. Voytek lo llamarían y sería alimentado con leche servida desde una botella de vodka. El oso crecería en tamaño, y su carácter amistoso y servicial lo convertiría en la mayor fuente de moral para la compañía.

La carrera militar del oso estaba a punto de despegar. Una de sus principales tareas consistió en transportar pesada munición de artillería de un lugar a otro, tarea que lograba sin mucho esfuerzo, para luego también marchar parado en dos patas junto a las tropas, algo que ganaba los aplausos de todos los soldados. Tal sería su popularidad que el mismo emblema de la compañía representaría a Voytek cargando munición de artillería. Según recuentos históricos verificados por el autor Garry Paulin, quien escribió un libro sobre el animal, Voytek participaría directamente en la famosa batalla de Monte Cassino en 1944, uno de los últimos bastiones extraterritoriales de los Nazis. Su participación sería bajo el rango de asistente de artillería, y transportaría varias de las municiones pesadas que caerían sobre la fortaleza principal. Servicios que le valdrían un ascenso de rango y una mención en períodicos de todo el mundo.
Tras terminar la guerra, Voytek y su compañía terminarían en Escocia. El oso se volvería una celebridad, apareciendo en infinidad de noticieros, revistas y programas de TV. Si bien sus camaradas volverían a Polonia en el 47, algo que deprimiría durante algunos años al oso, Voytek viviría en tranquilidad en el zoológico de Edimburgo, siendo regularmente visitado por algunos de los soldados que habían servido con él en el pasado. Soldados que, sabiendo la predilección de Voytek hacia la cerveza y los cigarrillos, siempre se las arreglaban para llevarle algunos de contrabando.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

que bonito el osito, hey mira bicha escribi de un gallo que vivio sin cabeza por no se cuantos años, esta bien interesante esa historia, segui con tus pelazones salu pues.

Jacinta dijo...

Caramba: sabía de la utilización de diversos tipos de animales en varias guerras, pero esta historia del oso no la conocía.
Saludos.

Ernesto Guajardo dijo...

La medalla esa le da incluso cierta ternura a la guerra, o a la munición que porta, ¿qué cosas, no? ¡Pobre oso! Hizo de todo en su vida, y luego, como premio al mérito, lo encierran, ¡no hay justicia!